La Multa

CATEGORÍAS: Relato erótico-Cunnilingus-Sexo oral
Seguí comiéndole el coño con muchas ganas hasta que la entrepierna le empezó a temblar mientras se corría. Un líquido cálido me llenó la boca y la cara mientras yo intentaba que todo cayera en mi boca. Era delicioso y ella deliciosa. —Fóllame ya… quiero correrme más, Andrés. Me puse de pie y me agarré la polla con una mano mientras con la otra sujetaba en alto una de sus piernas y se la metí muy despacito mientras un gemido se escuchaba en medio de aquel lugar.

Cuando Sandra y yo nos conocimos, inmediatamente nos caímos muy bien. Habíamos estado mucho tiempo hablándonos a través de las redes sociales y habíamos contactado porque teníamos algún amigo en común.

No recuerdo en qué momento nos dimos los teléfonos y empezamos a hablar más asiduamente, pero puede hacer cuatro o cinco años.

Ella, de Jaén, era trabajadora social y se ocupaba de casos de chicos y chicas jóvenes que estaban excluidos o con posibilidad de estarlo. Un trabajo bonito pero duro. Tenía 30 años.

Siempre estábamos hablando de recetas de cocina, de temas trabajo o de viajes por el mundo. La verdad es que coincidíamos en muchas cosas y nos pasábamos las horas hablando por Telegram[1].

Algunas veces teníamos conversaciones subidas de tono y nos contábamos nuestras fantasías eróticas: las que habíamos cumplido y las que nos quedaban por cumplir. Lo que nos gustaba y lo que no. Lo que nos gustaría probar o las situaciones que nos daban morbo. Coincidíamos en bastantes.

—¿Sabes que viene la exposición “Munch World” a Andalucía? —escuché decir a Sandra al otro lado del teléfono.

—¡Sí! —le contesté emocionado—. Estoy pensando en darme una escapada e ir a verla.

—Es que recuerdo que me dijiste que te gustaba mucho Munch…

—Sí, de pintores es mi favorito. No es que tenga muchos más, pero este sin duda es el que más me gusta.

—Yo soy más de otro tipo de exposiciones. Me gusta más la escultura, pero también me llama muchísimo la atención —me dijo Sandra mientras se oía la campana del microondas.

—¿Qué? ¿Haciéndote la cena?

—Sí, por fin en casa descansando. Necesitaba tiempo para mí.

—¿Y qué has estado haciendo para relajarte?

Un ring en mi móvil me indicó que había recibido un mensaje por Telegram. Era una foto de Sandra donde se le veía desnuda en la cama, tumbada boca arriba y las piernas muy abiertas. Con una mano se agarraba con fuerza una de sus enormes tetas y con la otra se estaba penetrando el coño con un consolador de color rosa. Sus ojos enormes y muy abiertos estaban calvados en la cámara del móvil.

—¡Qué pena no es estar ahí! Podría ayudarte con ese juguetito… bueno… juguetazo.

—Llevo dos días corriéndome sin parar. Necesitaba esto. Vente y me echas una mano… o las dos… —era tan directa y ni siquiera nos conocíamos en persona.

—¿Por qué no has llamado a algún amigo para follar?

—No. Luego es un coñazo el tener que estar con indirectas para que se vaya. Además, no me quedan folloamigos.

—Ya… eso me mata a mí también. El que no sepan coger las indirectas…

—Luego te mando un par de vídeos que he grabado mientras me corría pensando en ti… así los disfrutas tú también. Baja el volumen que grito demasiado… —dijo con tono pervertido.

Pasó una media hora y me volvió a sonar mi móvil. Eran los vídeos que me había prometido. En ellos estaba a cuatro patas delante de la cámara y se masturbaba con su nuevo consolador gritando muy fuerte. Se notaba que tenía muchas ganas de correrse.

Los puse para verlos mejor en la televisión y cogí el juguete vibrador que ella me había regalado por mi cumpleaños. Le hice una videollamada y me puse a masturbarme yo también. Ella me observaba mientras hacía lo mismo.

Su gran culo redondo en primer plano de la televisión acompañado de aquellos gemidos y sonidos acuosos al masturbarse con tanta violencia hicieron que me corriera enseguida mientras jadeaba su nombre. Me imaginé que lo hacía sobre sus preciosos labios rojos llenándole de lefa la cara y su bonito pelo rubio. También imaginaba sus ojos verdes llenos de lascivia mirándome al recoger con su lengua toda la leche que dejé salir.

—Joder, Andrés… córrete un poco. Madre mía que forma de temblar —por un momento había olvidado que Sandra seguía allí mirándome por videollamada.

—¿Ya te has limpiado la cara? Qué rápida —Sonreí y Sandra entendió que me refería a que me había imaginado eso mientras me corría.

—Si estuviera ahí no necesitaría limpiarme nada… ya lo haría yo de alguna otra manera.

—Mmmmmm eso me encantaría.

Al día siguiente me volvió a llamar y me dijo que si quería que fuésemos juntos a la exposición virtual de la que estuvimos hablando. Iba a ser en el Puerto Deportivo del Río Guadalquivir en Sevilla

—… así por fin nos conocemos y si te apetece podemos… ya sabes… hacerlo por fin.

—Prefiero que no hagamos el amor —le dije algo cortante—, prefiero follar como animales.

—Imbécil… me habías asustado… aún no entiendo tus bromas jajajaja.

—Vale, pues vamos viendo el tema de las entradas y del hotel. Mejor pillarlo céntrico, ¿no?

—Hay uno a las afueras de Sevilla, en Alcalá de Guadaira que se llama Al-Kalat… habitaciones para adultos, jacuzzi, sillones tántricos, opción de habitación sado con juguetes… ¿te animas?

—Me gusta… me encargo yo del hotel y tú de las comidas y cenas además de las entradas, ¿vale? —contesté.

—Hecho.

De esta forma quedamos ese fin de semana en vernos directamente en Sevilla, en la estación de autobuses de Santa Justa. Yo la recogería con mi coche, nos iríamos al hotel el jueves y el sábado iríamos la exposición.

Aunque a mí me hubiese gustado estar todos los días encerrado con ella en ese hotel follando, tenía que disimularlo, así que, además del hotel, busqué algunos sitios para visitar.

Cada día que pasaba y se acercaba esa fecha, más nervioso me ponía. “Siempre igual” pensé. Pero qué le iba a hacer, así era yo y ya no iba a cambiar.

Llegué con mi coche a la estación y allí estaba ella: alta, mucho más que yo. Un cabello rubio que brillaba excesivamente bajo el fuerte sol que hacía en Sevilla a las doce del mediodía.

Una blusa azul semitransparente dejaba entrever sus enormes tetas que ya tenía más que vistas por vídeo-llamadas, pero que en persona impresionaban mucho más. Sus ajustados vaqueros dejaban intuir una silueta con unas curvas prominentes que me hicieron suspirar y pensar “¡Cómo me voy a poner!”

Sus labios carnosos y pintados de rojo contrastaban con su piel blanca.

Aparqué en doble fila y cuando bajé del coche me dirigí hacia donde estaba. Sandra echó a correr hacia a mí y mientras yo cerraba las puertas me dio un abrazo muy fuerte y largo.

—Eres altísima —le dije realmente sorprendido y estando de puntillas—. Nunca pensé que 5 centímetros significaran tanto —remarqué mientras la miraba a la cara y me reía.

—Te lo dije—contestó quitándose las grandes gafas que tapaban parte de su cara. De esta manera dejó ver sus preciosos ojos verdes claros que tan nervioso me ponían.

—¡Qué bonita eres, Sandra! —me salió casi sin pensarlo.

—Gracias —se ruborizó mientras apartaba la mirada y me volvía a abrazar. Nos besábamos lentamente y con mucho cariño— ¡Ay! Las ganas que tenía ya de desvirtualizarte[2]

Cogí su maleta para meterla en mi coche y metimos en él. Me di cuenta que por donde ella iba pasando todas las personas se quedaban mirándola, hombre y mujeres. Era una persona preciosa que te hacía querer mirarla.

—Menos mal que no me he puesto tacones para conocerte, si no tendría que ponerme de rodillas para darte un beso.

—Hija de puta —le dije mientras me reía a carcajadas.

—¡Ay que ganas tenía de conocerte en persona! —volvió a decir con el tono de ilusión de un crío pequeño. Cuando se sentó en el coche tuvo que deslizar el asiento bastante más atrás para estar cómoda.

—Y yo, Sandrita. Tenía muchas ganas —contesté mientras la miraba de arriba abajo.

Cuando la terminé de mirar, suspiré.

—¿Qué te pasa, Andrés?

—Nada ­—contesté sonriendo.

Sin apenas terminar de decir esto se acercó de nuevo a mí y me volvió a besar con ansia reprimida. Sonó un ligero y precioso gemido que salía del fondo de su garganta. Su lengua y la mía se encontraron fugazmente y se rozaron. Al principio suavemente y luego con mucha más intensidad. Nos besamos durante un buen rato y cuando terminamos le pregunté que dónde quería ir primero.

—Al hotel… lo primero al hotel —contestó sonriendo mientras sus ojos verdes se clavaron en los míos con una mirada pervertida.

—Tenía un sitio buscado para comer, se llama Alimentari y me han dich…

—¡Al hotel!… por favor.

—Entendido —arranqué el coche y empecé a conducir.

El hotel estaba a media hora de allí y desde que empezamos a movernos Sandra no paraba de acariciarme el cuello y la cabeza. De vez en cuando yo la miraba a ella y me quedaba un largo rato observado sus tetas. Aunque yo creía que lo disimulaba con mis gafas de sol, ella se sonreía y suspiraba de nuevo.

—¿Te gusta lo que ves?

—Ya sabes que sí. En persona es mucho mejor.

—Me alegro —me dijo mientras se abría la blusa y dejaba casi al descubierto sus enormes pechos. Estaban semicubiertos con un sujetador granate y negro de tiras que dejaba más bien poco a la imaginación.

No podía dejar de mirar sus grandísimas tetas las cuales se acariciaba suavemente con las yemas de los dedos. Tenía que estar muy pendiente de no despistarme de la carretera porque mis ojos no se perdían detalle de lo que estaba haciendo: Empezó a pellizcarse suavemente los pezones entre los dedos mientras con la otra mano había empezado a acariciarse la entrepierna por dentro de su desabrochado pantalón. No me había dado ni cuenta pero ya estaba casi jadeando.

—Im…impresionante —pude balbucear—. Eres sencillamente increíble. Me encantas… Mucho.

Sandra agarró una de mis manos y la dirigió a su pecho e hizo que lo apretara con fuerza mientras un gemido salió de su boca con los labios entreabiertos. Mi polla en ese momento dio un brinco y se puso más dura de lo que ya llevaba todo el viaje.

Mientras mi mano masajeaba sus dos perfectas y enormes tetas con mucha suavidad e intentaba mantener la vista en la carretera, Sandra empezó a acariciarme la entrepierna con ansia.

—Te tengo muchas ganas, Andrés. Tanto verte por videollamada y ahora por fin voy a poder disfrutar de tu polla en directo.

Mi cabeza era una vorágine de sentimientos, la mayoría muy pervertidos. Ya me estaba imaginando todo lo que iba a hacerle, aunque intenté frenar esos pensamientos porque me había propuesto dejar fluir la situación todo lo que pudiese. Sandra me la había sacado fuera del pantalón.

Se recostó encima de mis piernas, sin mediar palabra se metió solo una parte en la boca y se quedó quieta un rato mientras jugaba con su lengua haciendo movimientos sobre mi glande. Notaba su suave lengua realizando rapidísimos círculos mientras mi respiración se volvió entrecortada.

—Hostias, Sandra… Para, por favor… —y de un golpe seco acompañada de una fuerte succión se la terminó de meter completamente en la boca.

Su cabeza subía y bajaba y yo notaba sus gruesos labios recorriendo toda mi polla con un ritmo muy lento y constante. Notaba como su saliva iba llenando todo y se salía por la comisura de sus labios

—Como sigas así…ufff, me voy a correr… Para, para… que estamos llegando.

Se reincorporó y me besó en los labios mientras guardaba sus tetas apresuradamente dentro de la camisa viendo que llegábamos a la entrada. Yo no me había dado cuenta, pero seguía con la polla fuera del pantalón. Sandra no dejaba de masturbarme lentamente.

El hotel Al-Kalat estaba construido y diseñado imitando una miniciudad de temática árabe estando la mayoría de las habitaciones decoradas en el antiguo Egipto.

En la entrada había una barrera automática cerrada. A la altura de la ventanilla había una pantalla donde se leía “Leyendo matrícula”. Por eso en la reserva te pedían el número.

“Bienvenido, puede dirigirse a su habitación.” volvió a mostrar el monitor mientras aparecía un mapa donde señalaba la ubicación de la misma.

Más que habitaciones de hotel aquello parecía una urbanización de mini viviendas adosadas todas con su garaje privado a excepción de tres estancias individuales que quedaban al fondo del recinto amurallado.

Cuando llegamos a la puerta de la Master Suite, así se llamaba la habitación que alquilé, la puerta automática del garaje ya se estaba abriendo. Metimos el coche dentro y aún quedaba espacio para otro.

—Joder, que bien organizado todo, ¿no?

—Pues sí, la verdad es que es todo muy “discreto”. Tengo ganas de ver la habitación tan misteriosa que has elegido… como no me querías decir nada…

—Si cumple las expectativas de las fotos y las opiniones de internet debe de estar muy bien…

Sandra salió del coche cogiendo su maleta y apresurándose a entrar en la habitación porque tenía mucha curiosidad por ver cómo era ya que le pedí que no mirase nada en internet. Otra puerta unía la cochera y el recibidor de la suite.

—¡Oh! ¡Joder! —se escuchó a lo lejos mientras yo aún sacaba del maletero un par de bolsas junto con mi equipaje — ¡No veas! —volvió a escucharse.

Entré a la habitación y vi una estancia enorme. Era el salón perfectamente decorado con adornos egipcios dorados y negros: esculturas pirámides, figuras de dioses egipcios, cuadros de papiros… todo ello bañado por luces rojizas que daban seis u ocho lámparas de sal repartidas por toda la sala.

En medio del salón dos enormes sillones de cuatro plazas cada uno y en medio de ambos una mesa de cristal donde las patas eran cuatro pirámides. En el centro una cesta de bienvenida con fruta, chocolates y una botella de cava.

En el lateral de la izquierda quedaba una cocina americana donde había de todo para no necesitar salir de allí. Me dirigí al frigorífico y dejé unas cuantas cervezas y refrescos que había llevado y un pack de 6 botellas de agua.

Al fondo y tras una gran puerta corredera estaba el dormitorio con una cama redonda gigante custodiada por columnas con forma de obeliscos decorados por pañuelos transparentes rojos.

En uno de los laterales del dormitorio había un cuadrado de gresite con un jacuzzi gigante en medio en el que cabían por los menos cinco o seis personas. Sandra estaba asomada viendo los amenities[3] e inspeccionando los mando del hidromasaje.

Al lado del jacuzzi estaba el baño. Entré mientras le decía a Sandra:

—Voy a darme una ducha que entre el calor de Sevilla y el calor de tu boca lo necesito.

—Vale, yo voy a deshacer la maleta.

Tardé menos de cinco minutos en terminar y me enrollé una toalla a la cintura.

Cuando salí del baño escuché aún las burbujas del jacuzzi y Sandra ya estaba dentro relajándose. Sus ojos cerrados y su boca entreabierta así lo hacían ver.

—Te veo bien —le dije sonriendo mientras me acercaba y me sentaba en el borde.

—Qué a gusto, Andrés. Sabías que los jacuzzis me encantan. Me pienso quedar aquí dentro todos los días hasta que nos vayamos.

—¿Todos? ¿No vas a hacer nada más? —le dije mientras metía mi mano debajo de agua y le acariciaba sus coño que curiosamente recibía uno de los chorros de hidromasaje con una potencia bastante fuerte.

—Bueno… —dijo mientras me miraba a los ojos y se ponía de pie mostrando su precioso y voluptuoso cuerpo mojado — algo más haremos, ¿no?

Me quitó la toalla que seguía alrededor de mi cintura y agarrándome la polla siguió por donde lo había dejado en el coche solo que esta vez llegó hasta el final haciendo que me corriera encima de sus tetas.

 

[…]

 

Los días que estuvimos en el hotel pasaron volando y ya era hora de volver a la rutina.

Como Sandra no había cerrado el billete de vuelta del autobús le propuse quedarnos en el hotel hasta las 8 de la tarde y luego llevarla yo a Jaén. Total, un día más que menos estando de vacaciones no era nada para mí.

Le pareció bien y mientras salíamos del recinto ya en el coche Sandra suspiraba y decía cosas como “no me quiero ir”, “quiero quedarme ahí a vivir” o “¿cuándo vamos a volver?” Yo no podía parar de reírme y, cada vez que lo hacía, parecía una rabieta infantil cruzando los brazos y poniendo cara de enfadada.

Sobre las nueve de la noche y a mitad del camino paramos a cenar en el restaurante TresCulturas de Lucena donde, además, conseguí probar uno de los postres que hasta la fecha más me han gustado, la tarta Alegría.

—Andrés, qué bien me lo he pasado contigo ¿Repetiremos?

—Si quieres repetimos ahora… he visto un hotel aquí al lado… —dije mientras mi mano se deslizaba debajo de la mesa para acariciar sus muslos por debajo de su falda. Llegué hasta su coño y me di cuenta que no llevaba ropa interior.

Sandra me miraba de nuevo e intensamente con sus grandes ojos verdes que me hacían temblar. Me recordaban a los increíbles días que habíamos pasado, de cómo se clavaban en los míos cada vez que follábamos en alguna postura cara a cara. De como con sus manos cogía mi mentón y me decía gimiendo “¡Mírame! ¡Mírame mientras me corro!” Entonces los abría mucho y mientras gritaba no apartaba su mirada de la mía.

—Deja, deja, que mañana trabajo y no puedo faltar.

—Bueno, tranquila, ya prepararemos algo pronto —le dije mientras sacaba la mano de su entrepierna y me lamía los dedos.

Cuando Sandra vio lo que hice se acercó a mí y me besó dulcemente pasando su lengua por mis labios mientras me miraba fijamente.

Simplemente me encantaba.

Volvimos al coche cogidos de la mano parándonos cada pocos metros para besarnos y suspirar como críos de quince años, pero era normal, las hormonas, las ganas y la tensión sexual, ya resuelta por fin, seguían ahí.

Sandra ha sido, y es, una de las mujeres con las que mejor me entiendo, tanto a nivel sexual como a nivel personal y humano. Es una de mis mejores amigas.

Entramos en el coche y nos dirigimos de nuevo a la carretera. Una canción que me encantaba poner para follar sonó en ese momento en el reproductor de música. Sin darme casi cuenta tenía la mano en las piernas de Sandra otra vez y las acariciaba suavemente.

Me cogió de la muñeca y se la acercó a su coño que estaba abultado y caliente. Mientras, se subió la falda por encima de la cintura y con dos dedos empecé a frotar su clítoris suavemente de lado a lado. Sus piernas se abrieron aún más:

—Así, así. Me encanta… —gemía susurrando.

—Es lo que tiene ver cómo te masturbas y que me enseñes lo que te gusta.

—Pues ya sabes lo que toca ahor…

No le dejé tiempo a decir nada más. Le metí los dos dedos en su coño que estaba muy mojado mientras gritaba un fuerte

—¡ASÍ! ¡Así, joder! Cómo me gusta que me toques.

Mis dedos empezaron a entrar y a salir lentamente y los sonidos de los roces empezaron a sonar muy mojados.

—Te voy a poner chorreando el asiento —dijo entrecortadamente mientras gemía.

—Así tengo un recuerdo tuyo en el coche— le contesté sin parar de masturbarla. Sus gritos iban en aumento.

—Para… por favor. Para en algún lado. Necesito que me metas la polla. La necesito, ¡YA!

Me desvié en la siguiente salida de la carretera a unos dos kilómetros de Martos[4]. Vi un camino que parecía poco transitado y que se adentraba entre unos olivares.

A uno de los lados un árbol se encontraba un rellano. Aparqué y apagué las luces.

Sandra no había dejado de masturbarse suavemente mientras intuía sus ojos verdes mirándome. Eran sobre las once de la noche.

Antes incluso de apagar el motor y mientras abría un poco las ventanillas, ella se había abalanzado contra mí volviendo a poner su cabeza sobre mis piernas buscando sacar mi polla del pantalón: la escena se repetía como al principio, solo que esta vez sus caderas estaban levantadas sobre su asiento y, mientras con una mano acariciaba su pelo suave, con la otra apretaba su culo con ansia y acariciaba su coño muy mojado.

Cada vez que abría sus glúteos se escuchaba un gemido y mi polla acababa totalmente tragada en el fondo de su garganta.

Levanté su cabeza y eché los respaldos de los asientos completamente hacia atrás y los de las plazas traseras también.

—¡Joder!… este coche se hace cama —dijo gateando para llegar a la parte de atrás.

Mientras lo hacía hubo un momento que su culo quedó a la altura de mi cara y aproveché para acercar mi boca entre sus piernas. Mi lengua no tardó en acabar dentro de su coño. Lo succioné con fuerza y la mano de Sandra jugaba con su clítoris con movimientos circulares dando un pequeño azote sobre él de vez en cuando.

Cuando hacía eso un temblor debido al placer se notaba en mi lengua.

—Ven, Andrés. Ven ya.

Me dirigí a la parte de atrás a la vez que me iba quitando la ropa como podía. El pantalón enganchado en uno de los zapatos dejándome en una posición bastante cómica.

—Esto con los pantalones de chándal no pasa —me reí.

Conseguí sacarlos y completamente desnudo me dirigía donde se encontraba ella. Ella bocarriba y con las piernas completamente abiertas me detuve a observarla sin perder detalle de su cuerpo mientras me masturbaba al hacerlo. Me encantaba mirarla sin pudor y sin tapujos. Quería retener todo de ella en mis retinas para siempre.

A Sandra le pasaba como a mí, le gustaba mucho masturbarse mientras la observaban y cuando se iba a correr, hacer partícipe de su orgasmo a la otra persona, ya fuese cogiéndome la mano y masturbándose con ella o bien te decía “cómeme los pezones mientras me corro”. A mi lo que más me gustaba era acercar mi cara a su entrepierna y notar como me salpicaba su orgasmo en la cara mientras le acariciaba todo el cuerpo.

Cuando frotaba con fuerza su coño alternándolo con penetraciones de dos o tres dedos, ella hacía un movimiento de caderas circular. Las levantaba hacia arriba apoyándose en sus pies y eso hacía que me volviese loco.

—¿No te he dicho que vengas ya? —volvió a decir con tono autoritario.

Me coloqué para metérsela, de camino volví a lamerle el coño unos segundos y así aprovechar y llenarme la boca de su sabor. Me encantaba ese sabor.

Cuando me puse encima apoyó sus piernas sobre mis hombros. Eran preciosas. Entre sus pantorrillas, las cuales yo lamía, besaba y mordía, asomaba mi cabeza.

Con los movimientos de mis caderas me sujeté la polla con una mano y empecé a rozarle el coño de arriba abajo cambiándolo de lado a lado cada pocos segundos.

—No seas cabrón, Andrés. Métela ya, la necesito dentro.

Ella cogió mi polla y la apoyo en la entrada de su vagina, con la otra me agarró del culo y tiró de mí. Estaba tan mojada que entró de golpe para nada seco y sin esfuerzo. Todo ello acompañado de un grito de placer de los dos.

Me quedé quieto, la fui sacando poco a poco y cuando estaba a punto de salirse apreté de nuevo con fuerza y se la volví a meter súbitamente. Repetía y repetía ese movimiento cada vez con menos tiempo entre penetraciones.

—¡Más fuerte! ¡Por favor!

Yo no sabía si hacerlo porque temía pasarme de intensidad.

—¡Más fuerte, Andrés!

Le hice caso y un golpe fuerte se escuchó mientras un grito de placer retumbó dentro del coche.

—¡Así! ¡Hasta el fondo! —seguía gritando Sandra que acercó su boca con la lengua fuera y se puso a jugar con la mía.

En esa postura podía comerme sus tetas y mi lengua rozarla como a ella le gustaba. Empecé a mojarle los pezones y a mordisquearlos suavemente. Cada vez que lo hacía se ponían más duros.

Las penetraciones y golpes iban creciendo y el ritmo dejó de ser entrecortado para ser más constante.

—Me pones muy cerdo, Sandra.

—No… —gemía— no te pongo cerdo. ¡Eres un cerdo! … y un cabrón… y un hijo de puta… —decía cada frase acompañando a cada una de las penetraciones.

Me voy a correr, Sandra… es demasiado.

—En mis tetas… todo en mis tetas lo quiero.

Saqué mi polla y las puse entre sus dos grandes y tersar tetas mientras las sujetaba con fuerza para que se quedara en medio y masturbarme con ellas. Sandra mientras se empezó a penetrarse con los dedos a ella misma.

Después de unas cuantas embestidas en sus pechos, cuando sentí que me iba a correr la retiré y apuntando a sus tetas me corrí sobre ellas mientras rozaba.

—Así, toma… —suspiraba yo— me corro, joder.

La corrida no fue abundante porque llevábamos muchos días follando sin parar, pero fue muy placentera llegándole a caer sobre sus labios y su cara.

—Haces que me corra en nada —jadeaba.

—Eso es bueno, así puedes correrte más veces —decía mientras lamía sus labios. La besé y compartimos todo aquel líquido blanco. Nuestros sabores se mezclaron en nuestras bocas.

Mi respiración seguía entrecortada por el placer que aún estaba sintiendo mientras me pajeaba muy suavemente ya que aún tenía mucha hipersensibilidad.

Normalmente después de correrme se me bajaba bastante la erección, pero esta vez no fue así.

—¿Y esto?

—¿Qué? —contesté.

—Esto —dijo mientras me retiraba mi mano de la polla y la cogía ella—. Mira qué polla tan mala que no se relaja ni un segundo.

Me eché a reír mientras Sandra se volvía a meter la polla en la boca y me empezaba a hacer una mamada muy húmeda.

—Ufff, despacio, rubia… despacio que aún está sensib… ¡JODER! ¡Qué hija de…!

Sandra había succionado con todas sus fuerzas mientras me acariciaba los huevos y la sensación fue tan intensa que mi primer gesto automáticamente fue de intentar sacarla de su boca, pero no me dejó.

Yo estaba de rodillas y ella tumbada de lado.

Con una mano le acariciaba el pelo y ella, con las piernas abiertas, había empezado a tocarse suavemente otra vez. Enseguida le quité su mano y empecé a hacerlo yo.

—Ven —dijo Sandra—. Vamos fuera. Quiero follar en la calle.

Ese tono autoritario lo conocía sobradamente y corriendo salimos del coche dejando la puerta trasera abierta.

Se dirigió a la parte de delante y apoyó su espalda sobre el capó levantando las piernas en alto formando una V. La agarré por los tobillos y le comí el coño un rato para dejarlo otra vez bien mojado, aunque no es que le hiciera falta.

—Fóllame así —gritó con tono de desesperación.

Seguí comiéndole el coño con muchas ganas hasta que la entrepierna le empezó a temblar mientras se corría. Un líquido cálido me llenó la boca y la cara mientras yo intentaba que todo cayera en mi boca. Era delicioso y ella deliciosa.

—Fóllame ya… quiero correrme más, Andrés.

Me puse de pie y me agarré la polla con una mano mientras con la otra sujetaba en alto una de sus piernas y se la metí muy despacito mientras un gemido se escuchaba en medio de aquel lugar.

Cuando la tenía dentro cogí sus dos piernas y las junté mientras las abrazaba, haciendo que su coño se quedara más estrecho y rozase mucho más mi polla.

—Joder… qué bien. Me encanta tu coño —le dije mientras empezaba a meterla y a sacarla lentamente.

Sandra sujetaba y acariciaba sus tetas las cuales se movían a un ritmo acompasado cada vez que le daba una embestida. De vez en cuando yo soltaba una de mis manos y la azotaba, a lo cual le solía seguir un “más fuerte” acompañado de un gemido.

Poco a poco fui subiendo el ritmo y sus caderas se movían al compás que yo. Notaba como el vaivén de sus tetas también crecía. Sandra no paraba de gritar de placer encima del capó del coche.

Aunque era de noche su figura se intuía con la claridad de la luna y algunas farolas lejanas que permitían distinguir aquel espectáculo de mujer.

Sandra empezó a gemir y su respiración subió estrepitosamente. Yo notaba como mi polla empezaba a sentirse entumecida y ese escalofrío que se nota en el cuerpo antes de correrte apareció.

—Me voy a correr, Sandra… me corro ya —grité sin cortarme.

—Yo también me correr, nene… me corro… se me va a salir todo… ¡ME CORRO!

Me agaché, abrí la boca y saqué la lengua la cual metí dentro de su coño, penetrándola una y otra vez sin parar.

Ella se rozaba el clítoris con la mano hasta que de repente empezó a temblar de nuevo y una gran cantidad de líquido empezó a salir de su coño esta vez cayendo en mi boca.

—¡Cómetelo todo, por favor! ¡Todo para ti!

Intentaba bebérmelo, pero era demasiado, lo que hizo que parte de su corrida resbalase por mi cara y mis hombros.

Yo no había parado de masturbarme mientras la devoraba y estaba a punto de correrme también. Mientras Sandra aún seguía corriéndose me levanté y se la metí para hacerlo dentro de ella.

—Yo también me voy a correr… no aguanto más.

Sandra abrazó con sus piernas mis caderas apretándome y soltándome contra ella mientras yo me corría y notaba como nuestros fluidos se mezclaban dentro de su coño.

Cuando terminé, exhausto, una buena cantidad de corrida de ambos acabó sobre el capó del coche.

Me dejé caer sobre ella y nuestros cuerpos temblorosos y jadeantes permanecieron abrazados un mientras nos acariciábamos por todos sitios.

En ese momento a lo lejos del camino se vieron dos focos de un coche y lejos de parar seguimos allí. A mí personalmente no me importa, mi momento exhibicionista salió, pero Sandra se echó a reír, se quitó y corrió hacia el coche. Se metió en la parte de atrás aún con los asientos bajados y se tapó con una manta que tenía siempre ahí.

Yo también entré y me intenté poner los pantalones que estaban dados la vuelta después del incidente al quitármelos y a duras penas lo conseguí.

Mientras el coche pasaba nos quedamos quietos, Sandra bajo la manta y yo en el asiento del conductor al que había podido volver a poner el respaldo en su sitio

Las luces pararon al lado de nuestro coche y enseguida reconocí un todoterreno de la Guardia Civil del SEPRONA[5]. “Mierda” pensé a la vez que intentaba aguantar la risa. Sandra sin embargo no podía y lo hacía nerviosamente.

—Buenas noches —dijo uno de los agentes acercándose a la ventanilla abierta del lado del conductor— ¿Se han perdido? —preguntó bajando la mano que había usado para hacer el saludo pertinente.

—No, que va… estábamos … emmmm… descansando un poco del viaje.

—Descansando, ¿eh? —el agente alumbró con la linterna dentro del coche donde yo estaba y después donde estaba Sandra—. Documentación, por favor… de ambos.

Sandra me pasó su bolso mientras me decía que su carnet estaba en la cartera grande y yo le entregué el mío.

[…]

Resumiendo. Dos multas de 400 euros, pero quedamos muchas más veces para follar… y alguna que otra en la calle recordando como nos pilló la Guardia Civil.

 

 

[1] Aplicación de mensajería instantánea muy similar a WhatsApp.

[2] Desvirtualizar a una persona es conocerla en la vida real.

[3] Detalles que se colocan en las habitaciones para dar la bienvenida a los huéspedes. Los artículos de cuidado personal, suelen reponerse a diario y los huéspedes los llevan como souvenir del viaje.

[4] Población de la provincia de Jaén.

[5] Siglas de Servicio de Protección de la Naturaleza que es una especialidad de la Guardia Civil de España, encargada de velar por la conservación de la naturaleza.

MIS RELATOS:
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ANDRÉS PÉREZ PALACIOS
– Escritor de literatura erótica –

Gracias por pasar por aquí: mi gran afición es escribir #RelatosEróticos o como yo lo llamo #PornografíaLiteraria.

Escribo para mí y porque lo necesito, por eso no espero la aprobación de nadie ni hacerme famoso con esto. Este tema me fascina y por eso lo elegí.

Estas son mis vivencias y experiencias, ni mejores ni peores que otras. Lo que sí te pido es que las respetes. Si te gusta lo que lees deja un like ❤️. Un abrazo y se feliz.

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